Creo que es cierta la afirmación de que la violencia está en todas partes: en la televisión que vemos a diario, en la calle, en nuestros hogares... Pero no sé, tal vez esa violencia que tanto golpea nuestra sociedad sea el fruto de años de frustraciones, o puede que sea consecuencia del estrés de esta vida que nos ha tocado vivir. Cada vez hay más competencia, todo es más difícil y cada vez la sociedad avanzada que tanto nos ha costado construir se parece más a una jungla. Competimos por todo, y cuando no conseguimos nuestros objetivos, nos deprimimos y recurrimos a las drogas, a veces legales, a veces no; o nos enfadamos con el mundo alimentando el resentimiento y la ira; o bien actuamos ejerciendo la violencia, que no siempre tiene que ser física. Vivimos presionados por la falta de tiempo para disfrutar de la vida. No tenemos tranquilidad ni seguridad laboral. No conseguimos los objetivos que deseamos y por los que luchamos. Estudiamos durante años para después engordar las listas del paro. El precio de la vida sube, y nuestros sueldos bajan. Somos víctimas de la violencia física que nos embrutece y que después nosotros mismos repetimos.
Violencia contra las mujeres, contra los hijos y padres, contra los compañeros de clase y profesores, contra desconocidos, contra el diferente, contra nosotros mismos.
Este tema es preocupante, porque en cierta manera está marcando y marcará lo que somos y seremos en el futuro. Nuestros hijos, las nuevas generaciones, serán víctimas y/o verdugos de sus semejantes. Cada año seguiremos haciendo estadísticas y recuento de las víctimas por violencia de género. Las cárceles se llenarán aún más, si es que eso es posible. Y dentro de la cárcel se alimentará más la frustración y el odio para que, finalmente, la violencia sea la única forma de vida real que conozcan y esa reinserción, tan cacareada por sus defensores, no sea más que una utopía.
En definitiva, somos víctimas de nosotros mismos por no saber afrontar esta difícil vida que parece más una carrera de obstáculos.
La realidad se pinta en tonos oscuros, la violencia, como siempre, en un rojo cada vez más vivo. Y ahora dime, ¿Te reconoces?